Es
posible
"Cuando tienes una enfermedad fuerte, se recoloca sobre la marcha tu escala de valores"
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A Fran, el cáncer se le vino encima de repente. “Cuando me lo dijeron, recuerdo estar como dos o tres horas parado, mentalmente parado, no tenía capacidad de pensar”. Corría el año 2005. Fran aún no había cumplido los treinta y cinco; tenía dos hijos de tres y cinco años y su mujer, Maricarmen, estaba embarazada del tercero.

Fran, hasta entonces una persona sana y deportista, había comenzado a encontrarse mal. Los hermanos de Maricarmen, médicos, le aconsejaron que fuera a hacerse una analítica con urgencia. Y después de ver los resultados, “dejamos a los niños como pudimos y tiramos para el hospital”. Fran tenía que operarse, pero todavía no sabía lo que le ocurría. A Maricarmen le comunicaron el diagnóstico el mismo día de la operación, pero supo encontrar las fuerzas para asumir la noticia a solas. “Yo decía ‘me lo tengo que tragar, y cuando sea capaz de decir con paz que esto es cáncer, entonces lo transmito’”. Se trataba, en fin, de respetar los tiempos del paciente, de decírselo solo cuando estuviera listo para aceptarlo. “Una cosa que he descubierto es que cuando el enfermo no pregunta, es porque no tiene capacidad para escuchar”.

Maricarmen recuerda con claridad el momento en el que se lo contó. Estaban de vuelta en casa tras la operación. Pasaron la tarde juntos, solos, en silencio, mientras Fran asumía la noticia. Y pasada la incredulidad inicial, él se preparó para luchar contra el cáncer y ella, para apoyarle mientras continuaba con su embarazo.

Poco después llegó la primera visita al doctor Aranda, que recuerda a su paciente y su familia con admiración: “para ellos fue evidentemente un shock, para mí fue también una lección de cómo llevar esta situación”. A la hora de transmitir el diagnóstico, el doctor considera que no hay dos pacientes iguales, pero siempre hay que ser gradual y tranquilizador. En este caso, además, la esperanza y las posibilidades de curación eran reales. Y es que, en lo que se refiere al cáncer de colon, los avances de los últimos años han sido espectaculares. “En el 84, cuando volví de Italia, mis compañeros se reían porque yo trataba el cáncer de colon”. A día de hoy, la situación ha cambiado radicalmente, aunque la percepción de los pacientes no siempre lo refleja. “Siguen pensando que es una enfermedad [en la que uno está] prácticamente condenado a muerte y con sufrimiento y no necesariamente es así, se cura un porcentaje muy alto de cáncer hoy en día”.

“Para mi familia fue un shock, para mí fue también una lección de cómo llevar esta situación”

Poco después llegó la primera visita al doctor Aranda, que recuerda a su paciente y su familia con admiración: “para ellos fue evidentemente un shock, para mí fue también una lección de cómo llevar esta situación”. A la hora de transmitir el diagnóstico, el doctor considera que no hay dos pacientes iguales, pero siempre hay que ser gradual y tranquilizador. En este caso, además, la esperanza y las posibilidades de curación eran reales. Y es que, en lo que se refiere al cáncer de colon, los avances de los últimos años han sido espectaculares. “En el 84, cuando volví de Italia, mis compañeros se reían porque yo trataba el cáncer de colon”. A día de hoy, la situación ha cambiado radicalmente, aunque la percepción de los pacientes no siempre lo refleja. “Siguen pensando que es una enfermedad [en la que uno está] prácticamente condenado a muerte y con sufrimiento y no necesariamente es así, se cura un porcentaje muy alto de cáncer hoy en día”.

Cuando recuerda su enfermedad, Fran se centra en todo lo que la experiencia le ha aportado. “No lo recuerdo como algo malo en sí. Tengo una sensación buena, no es algo traumático que he guardado ahí, sino algo de lo que creo que he sacado un aprendizaje fuerte, importante, y lo recuerdo como algo bueno”. Sobre todo, se ha llevado dos lecciones. La primera: “cuando tienes una enfermedad fuerte, se recoloca sobre la marcha tu escala de valores”. Y la segunda: “te das cuenta de quién está realmente cerca de ti. Tengo una familia magnífica y amigos, los dos, tres amigos, esos son magníficos”.

Mientras tanto Maricarmen, apoyada por el resto de la familia, encontró en su embarazo la fortaleza que necesitaba para apoyar a Fran día a día. Durante las noches, aprovechaba el insomnio que le provocaba el embarazo para cuidar de su marido. Por el día, cuando había más gente en casa, aprovechaba para dormir. Y así, noche a noche, sesión a sesión, llegó el momento de que naciera su hijo, Ángel.

Al igual que el diagnóstico de cáncer, el nacimiento de Ángel llegó en un momento inesperado. Maricarmen se puso de parto cuando Fran acababa de volver de una sesión de quimio y se encontraba fatal. Al final, el personal del hospital le dijo que se tumbara en la otra cama mientras su mujer daba a luz. “Era una imagen de locos, yo intentando parir y mi marido malísimo porque veníamos de una sesión de quimio”. Pero en aquel momento tan duro, Maricarmen vio una lección vital: “ahí descubrí también las dos caras de la misma moneda, mi hijo luchando por vivir en un parto y mi marido luchando por vivir en un cáncer. Y te das cuenta de que es la vida, la grandeza de la vida”.

Con un recién nacido en casa, terminaron las doce sesiones de quimioterapia y la vida de Fran volvió a la normalidad. Hoy lleva más de diez años libre de cáncer y su médico considera que las posibilidades de recaída son muy escasas. “Mi vida es completamente normal. He podido volver a hacer deporte, que me gustaba y que me gusta. Puedo estar con mis hijos, puedo estar con mi gente, no tengo ningún problema en ese sentido”.

Pero después de esta experiencia, Fran y Maricarmen se toman la vida con una actitud distinta. Con más empatía hacia el sufrimiento de los demás. Con la seguridad de que su amor ha sido probado y ha salido fortalecido. Agradecidos por la vida y las pequeñas cosas, por su familia. Después de Ángel, nació su cuarto hijo, “un regalo”. Y ahora, cada vez que va a revisión y se sienta otra vez en la sala de espera del doctor Aranda, Fran recuerda que superar un cáncer le ha enseñado cuáles son las cosas importantes.