Es
posible
"El cáncer se puede curar"

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

La doctora Ruth Vera ya lleva muchos kilómetros recorridos por los pasillos del hospital de Pamplona, pero nunca ha disfrutado tanto haciéndolo como ahora. Después de tres lustros como jefa del Servicio de Oncología del Servicio Navarro de Salud, puede echar la vista atrás y sonreír satisfecha por todo lo logrado tanto por ella como por su equipo. De hecho, no para de hacerlo desde el primer momento. Con un ademán radiante nos conduce por uno de los pasillos recién inaugurados del complejo hospitalario. El cielo está nublado, pero aún así los haces de luz se cuelan por las ventanas e iluminan ampliamente todas las estancias pintadas en tonos pastel. Llama la atención su diseño minimalista y diáfano. Parece que haya sido dibujado por Apple o el arquitecto aeroespacial de una película futurista.

El despacho de la Dra. Vera sigue la misma línea que el resto de la planta. Tras sus persianas eléctricas se divisa el helipuerto del hospital y otro de los bloques, más antiguo y descascarillado. Pero la habitación en la que nos encontramos aún huele a nueva e incluso hay dos litografías apoyadas contra la pared que esperan a ser colgadas. Un escritorio perfectamente ordenado y una discreta librería de volúmenes sobre oncología es todo cuanto domina la estancia. Sin más dilación, nos acomodamos en las sillas en torno a la mesa de reuniones y comenzamos la charla con la joven jefa de servicio alicantina en el corazón del hospital de Navarra.

La Dra. Vera es una médico de raza, con auténtica vocación y pasión por su trabajo. Nadie en su familia ejerce la profesión pero, según cuenta, ella quiso ponerse una bata blanca desde que tuvo uso de razón. Durante su infancia, a diferencia de los demás niños, le encantaba estar en los hospitales y respirar su particular aroma antiséptico. Como no podía ser de otra forma, estudió Medicina. En un primer momento fueron los entresijos de la mente los que lograron captar su atención. Sus amigos bromeaban diciendo que era la psiquiatra del grupo y durante su paso por la facultad siempre pensó que acabaría dedicándose a ello profesionalmente. Sin embargo, en los últimos años conoció la Oncología. Entonces era más una enfermedad que una especialidad, pero logró captar poderosamente su atención. Nació en ella un importante dilema que no pudo resolver hasta que finalizó el MIR. La noche antes de elegir qué camino tomaría, aún no sabía si escoger Psiquiatría u Oncología. Su padre la tranquilizó decidiéndole que cuando se levantara por la mañana lo vería claro. Y así fue. Al abrir lo ojos no lo dudó: iba a ser oncóloga.

_MG_7074
Poco a poco, la Dra. Vera fue adentrándose cada vez más en los recovecos de esta especialidad y la conoció a fondo durante su residencia en el hospital barcelonés Vall d’Hebron. Allí trató sobre todo el cáncer de mama y no fue hasta que llegó a Navarra hace más de 15 años cuando empezó a profundizar plenamente en el cáncer colorrectal. En el hospital de Pamplona decidió asumir un reto importante al enfrentarse a los tumores digestivos, dado que hasta ese momento no había organización ni responsabilidad en torno a este tipo de cáncer era el de mayor prevalencia. No tardaría en darse cuenta de lo acertada que fue esta decisión.

La doctora confiesa que al principio esta especialización no era muy atractiva: “los fármacos eran muy limitados y poco innovadores, por lo que los profesionales preferían optar por opciones a priori más interesantes como el cáncer de mama”. Sin embargo, reconoce que poco después todo cambió. Hace ahora diez años se produjo un antes y un después en la supervivencia de estos pacientes gracias al surgimiento de nuevos fármacos y tratamientos. En la actualidad nos encontramos en el ansiado futuro del cáncer. Al fin se conoce tanto el cáncer en sí mismo como su entorno y ya no se trata únicamente la célula tumoral, sino también el microambiente. Tanto los profesionales como la Dra. Vera, como el resto de personas, nos encontramos en plena ebullición de información y conocimiento. A día de hoy se habla del cáncer sin tapujos ni eufemismos. Los pacientes, por su parte, se documentan a fondo sobre su enfermedad y llegan a la consulta con información sobre tratamientos, fármacos o congresos. Tal y como reconoce, ella incluso les anima a que busquen segundas opiniones, ya que eso la refuerza al profesional.

El progreso debe continuar y para que haya desarrollo hace falta cambio. Lo que está claro es que detenerse no sólo es dejar de avanzar, sino ir marcha atrás. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país debido a la crisis económica global. La investigación se ha ralentizado de forma considerable, tanto la de los laboratorios como la clínica del día a día de los hospitales, apunta la Dra. Vera. El motivo es sencillo: hay más demanda asistencial de la que los médicos pueden satisfacer debido a la falta de recursos que provocan las listas de espera y la saturación de los servicios clínicos. De modo que a los profesionales sanitarios no les queda más remedio que dedicar menos tiempo a la investigación y más al tratamiento directo de los pacientes. La Dra. Vera cree que la repercusión la notaremos más adelante, pero, a pesar de lo crítica que está la situación de la Sanidad y la política científica actualmente en España, no hay que ser pesimistas, sino todo lo contrario. No nos queda otro remedio que capear lo mejor posible el temporal e intentar mejorar las cosas poco a poco. El ruido mediático en torno al cáncer es muy importante de cara a que los ciudadanos se conciencien en materia de prevención, pero siempre y cuando sea un ruido constructivo. Los mensajes negativos que fomentan el miedo o la inquietud perturban mucho a los afectados por esta enfermedad y por ello hay que evitarlo. El principal mensaje que hay que transmitir es el siguiente: “el cáncer se puede curar”.

“Los fármacos eran muy limitados y poco innovadores, por lo que los profesionales preferían optar por opciones a priori más interesantes como el cáncer de mama”

Ocurre lo mismo con los pacientes, ya que un pensamiento positivo es decisivo para afrontar adecuadamente el cáncer colorrectal, incluso en los casos más difíciles, como en los de pacientes jóvenes con metástasis que tienen hijos pequeños. La doctora recuerda especialmente el de una mujer de 34 años que padecía un cáncer de colon metastásico incurable y lo duro que fue contemplar la despedida de sus tres niños en el momento en el que ya no se pudo hacer nada más por ella. La mayor frustración surge cuando llega un momento en el que ya es imposible alargar más la vida de los pacientes con cáncer colorrectal metastásico. La mayoría se acostumbra a sobrevivir gracias a los tratamientos y es realmente difícil aceptar el final del camino, cuando ya no hay más estrategias que ofrecerles y no les queda más remedio que asumirlo. Pero, según dice, también hay otros casos que te insuflan una energía y vitalidad increíble, como el de una paciente de 38 años, que también tenía hijos, y sufría cáncer de recto y metástasis hepática. Nunca dejó de luchar y tras numerosas operaciones, tratamientos y complicaciones a lo largo de una década, logró superarlo. Hoy sus dos hijas han acabado la carrera y ella puede afirmar que se ha curado.

A estas alturas nos queda claro lo mucho que la Dra. Vera se implica con cada paciente. Según dice, cada día pasa consulta de veinte a veinticinco personas y cada una es distinta a la anterior. Es ahí donde entra su otra vena profesional, la psiquiátrica, para escoger el mejor modo de entablar conversación con cada una de ellas. La primera impresión es fundamental, la que marca una relación médico-paciente que puede durar meses o incluso años. Por eso se la prepara mucho, de cara a poder concentrarse lo máximo en el paciente y no tanto en el ordenador o los informes. Desde un comienzo deben comprender que esta enfermedad es un antes y un después en sus vidas y por eso deben integrarlo en su día a día, aprender a convivir con él y tener una rutina normal, porque “esa es la única manera de poder disfrutar de la vida”. Los hay muy ansiosos, con los que hay que dosificar más la información y darla de determinada manera, mientras que otros son más serenos y te puedes explayar más. Aunque sí que hay una cosa que sirve para todos ellos es una buena sonrisa, y por eso la Dra. Vera procura que eso sea lo primero que vean nada más entrar por la puerta de la consulta.