Es
posible
"El paciente oncológico llega tan asustado a la consulta que si ve una cara sonriente, eso consigue relajarle y llevarle a pensar que lo que tiene no es tan grave y que puede superarlo."

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Debido a sus cuatrocientos años de historia, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón es un centro de contrastes. Mientras que el pabellón Materno-Infantil es un novedoso edificio diseñado por Rafael Moneo, la planta de Oncología está algo más desgastada por el tiempo. Básicamente carece de la luminosidad que sí que irradian los profesionales sanitarios que trabajan en su interior, en especial la doctora Pilar García, que nos recibe con una amplia sonrisa. Y es que un gesto tan sencillo como ese es tremendamente importante en su día a día, sobre todo de cara a sus pacientes. No tarda en contarnos lo importante que es transmitir esperanza de esta manera: “el paciente oncológico llega tan asustado a la consulta que si ve una cara sonriente, eso consigue relajarle y llevarle a pensar que lo que tiene no es tan grave y que puede superarlo”.

Desde que era una niña, la Dra. García ya sabía que de mayor sería médico. Era algo que llevaba dentro y necesitaba poder expresar. De hecho, recuerda una entrañable anécdota que define perfectamente este deseo infantil: “en una ocasión estaba tratando a un paciente de cáncer colorrectal y una mañana, en la consulta, cayó en la cuenta de que me conocía desde hacía muchos años. Resulta que era un viejo amigo de mi padre y un día, teniéndome en brazos, me preguntó qué quería ser de mayor. Al parecer, respondí con toda la seriedad del mundo que quería ser médico. Entonces dijo algo que me emocionó mucho: te has hecho médico para tratarme a mi”.

Cuando por fin comenzó la carrera, se dio cuenta de que era una disciplina todavía más maravillosa de lo que pensaba. Básicamente trataba de explicar cómo funciona la vida, cómo se organiza y cómo se estropea. Conjugaba las humanidades con la ciencia y desde el primer momento supo que ése era su sitio. Sobre todo cuando descubrió la Oncología. En su opinión, es la especialidad que lo engloba todo ya que no solo es multidisciplinar, sino que trata a pacientes crónicos a los que se ha de acompañar en todas las etapas de la enfermedad y tiene mucha ciencia, en la que especialmente predomina la biología y la química. Por eso asegura que cada día que pasa le gusta más que el anterior.

Eso sí, la doctora también reconoce que su jornada laboral es extenuante, ya que, al fin y al cabo, la clínica sigue siendo la función más importante que tiene. “Es agotador, pero también tan intenso como interesante en todos los sentidos”, admite. Cada día es diferente, pero al mismo tiempo hay una rutina que compara a la de la película ‘Atrapado en el tiempo’: “cuando se repiten los días tienes la oportunidad de hacerlo cada vez mejor, por lo que es absolutamente enriquecedor”. Eso sí, se podría decir que prácticamente nunca deja de trabajar, porque cuando no está en el hospital, está en casa estudiando o preparando una conferencia, por lo que bromea diciendo que ha desarrollado la habilidad de teclear en su portátil mientras hace cualquier otra actividad, como cocinar o ver la televisión. Puede resultar agotador, de hecho admite que hay días en los que, aún estando acatarrada, débil y con fiebre, es recordar que tiene un compromiso con un paciente y recobrar las fuerzas de golpe para no faltar a la cita.

“Ahora mismo tengo a pacientes con una larga supervivencia que no hubiesen tenido la mínima expectativa hace diez años”

Las cosas han cambiado enormemente desde que la Dra. García comenzara a tratar a los pacientes con cáncer colorrectal a finales de los años ochenta. Según cuenta, “antes no se trataban porque no había una percepción de eficacia, no se consideraba que el esfuerzo mereciera la pena”. Sin embargo, hubo un grupo de médicos que pensó diferente. Capitaneados por el Profesor Díaz Rubio, oncólogos como ella y otros como Enrique Aranda, Alfredo Carrato y Abel Abad, pusieron el primer ladrillo. Ante el escepticismo general, comenzaron a tratar de forma estandarizada los tumores digestivos. “Muchos murmuraban que vaya pérdida de tiempo, pero nosotros no nos dimos por vencidos”, recuerda la doctora. En un principio disponían de muy poco arsenal terapéutico, pero poco a poco fueron incrementando la eficacia de los tratamientos y formando equipos multidisciplinares junto a los cirujanos. Entonces llegaron los frutos: las primeras curaciones y un aumento de la supervivencia. Al rememorarlo no puede sentir mayor satisfacción, ya que es algo que vivió en su propia piel, no un capítulo que leyó en un libro.

Tal y como afirma la Dra. García, “en la última década se ha producido un cambio radical en la supervivencia de los pacientes de cáncer colorrectal. Ahora mismo hemos llegado a una media de dos años, pero hay algunos que están viviendo mucho más. Ahora mismo tengo a pacientes con una larga supervivencia que no hubiesen tenido la mínima expectativa hace diez años”. Sin embargo, también cree que se ha conseguido mucho, pero no suficiente, ya que aspira a la curación y por ello es importante seguir ahondando en el tratamiento personalizado y la biología molecular. Asimismo, opina que hay que insistir en los modelos de cribado desde todos los medios posibles, ya que es un tumor que se puede curar en un 90% de los casos si se diagnostica de forma temprana. Por su parte, ha intentado sensibilizar a la sociedad desde la Alianza para la Prevención del cáncer colorrectal, una asociación creada entre todas las sociedades implicadas en este tratamiento y algunas de pacientes.

_MG_7074Respecto a estos últimos, el pilar de sus días como oncóloga, no podría derrochar más sensibilidad. Es completamente necesaria ya que el diagnóstico de cáncer es un mazazo para el paciente. Según indica, “se les cae la vida encima de un día para otro. Porque además, casi siempre son personas con un estado general estupendo, pero de pronto cambian sus preocupaciones cotidianas tan relevantes como su esperanza de vida”. Tal y como ella lo describe, se trata de una carrera de fondo ya que los tratamientos son muy prolongados en el tiempo y el concepto de curación llega tras años sin recaídas. Para ella, lo más importante es que el paciente cuente con los datos objetivos de la enfermedad, pero que tenga esperanza ya que su vida no puede estar protagonizada por el cáncer. Tal y como ella define: “esto es algo que haces mientras vives ya que es un tratamiento que tienes que integrar a tus costumbres”. En su opinión, lo más difícil es responder a las preguntas sobre el pronóstico, por lo que los oncólogos tienden a hablar en genérico. Recuerda el caso de un hombre que le confesó que su ilusión en la vida era comprar un descapotable, pero tras el diagnóstico no sabía qué hacer, así que le preguntó a la doctora: “¿Lo voy a poder disfrutar? Porque si no no hago ese gasto…” Ella le respondió: “por supuesto, cómpreselo”.