Es
posible
"Deben intentar ser un poco felices a pesar de todo lo que les está pasando porque resulta realmente beneficioso a la hora de combatir la enfermedad."

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Si al recorrer los pasillos del Hospital de Lleida te topas con una doctora que derrocha alegría por los cuatro costados, es muy probable que se trate de la doctora Antonieta Salud. Porque haga lo que haga en su trabajo, lo hace con toda la ilusión del mundo. Porque ama ser oncóloga y, aunque hay muchas ramas de la salud que le cautivan, sabe que la vida le ha puesto en este lugar por una razón, que sin duda es la de ser feliz haciendo todo lo que esté en su mano para que sus pacientes también lo sean.

Cualquiera podría pensar que su apellido la predestinó de algún modo a ser médico. Aunque lo que ella siempre quiso estudiar de joven fue Farmacia, pero para eso debería haberse mudado a Barcelona y eso era complicado dado que su familia era humilde y ella tenía que ganarse el jornal recogiendo fruta. Así es como acabó en la Facultad de Medicina de Lleida, donde en un primer momento buscó el consuelo y terminó encontrando su auténtica vocación. La joven Antonieta se convirtió en una aplicada universitaria que estudiaba catorce horas diarias. Sólo así podría sacar la mejor nota de MIR y escoger la especialidad que quisiera. A finales de los ochenta tuvo su primera toma de contacto con la Oncología cuando la ya desaparecida Dra. Ana Balil le enseñó a apasionarse por esta especialidad. Gracias a ella, la Dra. Salud escogió Oncología Médica en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Allí coincidió con el Dr. Joaquim Bellmunt, que le enseñó muchísimo y le animó a hacer la tesis doctoral. Siguió su consejo y, gracias a una beca estatal, pudo irse a Londres a profundizar en el cáncer colorrectal. Era una época en la que era un tipo de cáncer considerado como “la hermana pobre de la Oncología” porque no había casi ningún fármaco para tratarlo. La Dra. Salud decidió que era una causa por la que merecía la pena luchar, de modo que a su regreso a Lleida decidió convertirse en especialista en colorrectal y a día de hoy no podría sentirse más afortunada.

_MG_7074Su jornada comienza a las cinco de la mañana y acaba al anochecer. En ese tiempo tiene que repartir sus horas como esposa de un científico, hija de una nonagenaria y madre de dos jóvenes estudiantes, pero sobre todo como Jefa de Servicio en el Hospital Universitario Arnau de Vilanova. Allí es donde ha de asistir a innumerables reuniones con todo su equipo y otros profesionales sanitarios, dar clases de Medicina, Biomedicina y Nutrición en la universidad, hacer guardias, preparar charlas, documentarse e investigar sobre los últimos avances médicos y, por encima de todas las cosas, llevar a cabo las consultas externas. Es lo que más le gusta y es que, desde el principio, “fue una de las condiciones para aceptar la jefatura”. Cada vez que habla de sus pacientes sonríe con una franqueza infinita al asegurar que puede haber épocas buenas y malas en el ámbito personal, pero estar con ellos, ayudarles y lograr que sean un poco más felices que cuando entraron, es lo que hace realmente mágica la oncología.

Su despacho es su refugio en mitad de la vorágine del hospital. Las paredes están forradas de fotos de su familia y citas de Ramón y Cajal, Saramago o Rosa Luxemburgo, que apuestan por el valor de la verdad, el silencio, el amor, la cultura, la amistad y la generosidad. Valores que sin duda la Dra. Salud se esfuerza al máximo por trasladar a sus pacientes cuando les transmite que “deben intentar ser un poco felices a pesar de todo lo que les está pasando porque resulta realmente beneficioso a la hora de combatir la enfermedad”.

No se puede decir que la Dra. Salud llegue a desconectar cuando se va a casa, de hecho a veces hasta sueña con sus casos hospitalarios, pero es que tampoco le hace falta. Al fin y al cabo, su mundo es la Medicina. Podría decirse incluso que se casó con ella, ya que si hay alguien con quien ha compartido siempre su carrera es su marido. Le conoció en Barcelona, trabajaron de la mano en Londres y juntos acabaron en Lleida. El estudio y la investigación forma parte de sus vidas y eso no hace sino unirles más. Aunque tanta dedicación también puede ser extenuante, como en una de las épocas más duras que recuerda, justo antes de ser jefe de servicio, en la que tenía que ver a casi treinta pacientes diarios y llegó a agotarse físicamente. Aunque es consciente de cuánto merece la pena cuando le vienen a la cabeza escenas espontáneas, como la de una anciana regalándole tímidamente un bote de almendras garrapiñadas que ha hecho en su casa para darle las gracias, o la de un paciente dándole un abrazo para desearle unas felices vacaciones aun sabiendo que no volvería a verla. Emocionada admite que la humildad y la dignidad que aprende cada día en este hospital, no podría hallarla en ningún otro lugar.

“El reto es que vivan cada vez más tiempo y podamos curar cada vez a más personas”

Con cada paciente, un nuevo reto: “que vivan cada vez más tiempo y podamos curar cada vez a más personas”. Según la Dra. Salud, hace diez años es cuando se produjo un cambio vertiginoso que dio lugar a mayor optimismo y la esperanza. La aparición de nuevos tratamientos hizo posible que los pacientes metastásicos aumentaran muy significativamente su supervivencia. La quimioterapia se tolera cada vez mejor y el porcentaje de curaciones ha aumentado considerablemente. La doctora menciona lo significativo que es que como profesora, “tenga que actualizar las diapositivas de cáncer colorrectal cada año, a veces incluso varias veces, porque constantemente hay algo nuevo que explicar”.

Eso sí, la Dra. Salud tiene claro que lo mejor está por llegar: conseguir que cada vez más enfermos de cáncer colorrectal metastásico sean operables, hallar tratamientos más personalizados, mejorar la calidad de vida de los pacientes… Mucho camino por delante en el que se necesitan todos los apoyos del mundo, especialmente los institucionales, tanto en materia de investigación como en difusión mediática. El primero ha pegado un bajón importante en los últimos años debido a lo complicado que es conseguir recursos actualmente y respecto a la comunicación, el cáncer colorrectal siempre se ha visto relegado a un segundo plano a diferencia de otras enfermedades como el cáncer de mama, el VIH o la Hepatitis C. Para conseguir fondos que posibiliten la investigación cualquier idea es bien recibida, sobre todo si se trata de iniciativas muy populares en Estados Unidos o el Reino Unido pero que por aquí no lo son tanto, como la realización de conciertos benéficos.

Si hubiera qué decidir cuál es el lema de la Dra. Salud, sin duda sería que para ser un buen médico debes tratar el cuerpo y el alma. Así se lo inculca a sus alumnos en clase y lo tienen bien aprendido, no hay más que ver cómo corean al unísono la palabra “alma” cuando ella les pregunta. Ese alma se refiere precisamente a la sensibilidad psicológica que ella cree que han de poseer los oncólogos para saber cómo tratar del mejor modo posible a sus pacientes. Para ilustrar tanto este significado, como lo mucho que aprende de ellos, nos contó las historias de los que ella llama “los dos Albertos”. Los dos fallecieron recientemente, pero dejaron una huella imborrable en todos aquellos que les conocieron. El primero tenía 51 años y era voluntario de Payasos Sin Fronteras. Fue de guerra en guerra contagiando su optimismo y, como luchador infatigable, logró vivir más de cuatro años con un cáncer muy avanzado. La Dra. Salud fue una de las últimas personas a las que llamó para darle las gracias antes de que lo sedaran. Entonces ella le dijo: “no, gracias a ti”. El otro Alberto tenía tan sólo 18 años y padecía un sarcoma y metástasis pulmonar. En los seis meses que logró aguantar, dio una lección de dignidad que la doctora nunca olvidará. Cuando venían sus amigos a verle, incluso se olvidaba de lo que le pasaba y se limitaba a sonreír y aconsejarles frente a las inocentes preocupaciones que le relataban. El primer Alberto iba a la clase de la Dra. Salud para contar su experiencia y aconsejar a sus alumnos. Ahora lo hace la madre del segundo Alberto, y lo más importante que les dice es que deben ser médicos de cuerpo y alma.