Es
posible
"Cuando les enseño a los residentes los escáneres de pacientes curados que en su momento estuvieron realmente mal es cuando se dan cuenta de que han elegido la especialidad adecuada"

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Una vez llegamos a la ciudad universitaria de la capital aragonesa, no tardamos en divisar la imponente estructura del hospital conocido como “el Clínico” o el “Lozano Blesa”. Fue erigido durante la Transición y nuestro objetivo es reunirnos con alguien que lo conoce muy bien: la doctora Pilar Escudero, que lleva veinticinco años recorriendo sus pasillos como oncóloga. Sin duda alguna, la experta idónea para relatarnos la forma en la que entendíamos ayer el cáncer colorrectal y el modo en el que lo hacemos hoy.

La Dra. Escudero es una de esas personas que han nacido para ser médicos. En ella trasciende el concepto de vocación; simplemente nunca se planteó dedicar su vida a otra cosa que no fuera la Medicina. Desde muy pequeña ya lo tenía claro, aunque entonces aún no sabía lo que conllevaba la profesión. Simplemente le fascinaba la figura de los doctores, tan admirados y respetados con su bata blanca. Cuando llegó al bachillerato se reafirmó en su deseo y comenzaron a tomarla en serio. Ella no dudó ni un momento y siempre dejó claro que no es que quisiera estudiar esa carrera, es que tenía que hacerlo.

Sin embargo, la especialidad en Oncología Médica tardó un poco más en llegar. La Dra. Escudero hizo Medicina Interna y no fue hasta que se trasladó al centro en el que nos encontramos, cuando le ofrecieron incorporarse al Servicio de Oncología. Desde ese instante supo que iba a decir que sí, pero les pidió veinticuatro horas para pensárselo. Al día siguiente confirmó que se enfrentaría a un reto enorme que iba a exigir toda su dedicación. A día de hoy está más encantada que nunca. “Si volviera a encontrarme en la tesitura de tener que volver a escoger especialidad, volvería a escogerla”, admite sin dudarlo.

Desde el primer momento, la doctora tuvo claro que nunca dejaría de estudiar: “la Oncología te obliga a estar al día. Tienes que tener cierto grado de insatisfacción e insuficiencia para no irte a tu casa pensando que, tras la jornada laboral, ya está todo hecho. En tu tiempo libre debes seguir formándote, investigando y trabajando”. Sin embargo, hay algo que no puedes memorizar en los libros: el modo de comunicarte con los pacientes. Eso es un conocimiento que solo puede otorgarte la experiencia. Tal y como explica la Dra. Escudero, “no tratamos enfermedades, tratamos enfermos. Por eso lo más difícil es transmitir correctamente la información. Poco a poco vas aprendiendo a desarrollar la empatía, a escoger bien las palabras, elegir el momento adecuado… Hay que ser sincero, pero también decir lo que crees que el paciente puede asumir y asimilar”. En cualquier caso, según ella lo más importante es que cada persona que acuda a su consulta se sienta arropada y con fuerza para afrontar el cáncer colorrectal. Que sienta que “estamos todos en el mismo barco y vamos a luchar juntos”.

No hay duda de que ahora es mucho más sencillo transmitir ese sentimiento de lo que era antes: “la enfermedad ha dado un vuelco en dos sentidos: el diagnóstico precoz y el tratamiento biológico”, asegura la doctora. Respecto al primero, cree que la medicina preventiva ya es una norma en muchas comunidades autónomas pero debería ser universal para evitar que los pacientes lleguen a los estadios avanzados del cáncer colorrectal. Aunque precisamente en ese punto es donde los oncólogos invierten toda su fuerza y arsenal terapéutico. Ese que tanto ha mejorado en diez años. La Dra. Escudero asegura que “en la última década no solo han cambiado los tratamientos, sino el concepto de equipo y servicio”. Por eso ahora son capaces de conseguir cosas que antes eran impensables: “cuando les enseño a los residentes los escáneres de pacientes curados que en su momento estuvieron realmente mal es cuando se dan cuenta de que han elegido la especialidad adecuada”, comenta orgullosa.

_MG_7074A día de hoy las terapias son mucho más dirigidas que antes. Se conoce más a la célula cancerosa y todo lo que la rodea, por lo que se pueden llegar a tener pautas concretas para cada paciente en base a su estructura genética. Si esto es posible es gracias a la investigación y por eso resulta tan imprescindible que se cuide y potencie desde todos los ámbitos del Estado y la sociedad. El grupo de investigación al que pertenece la Dra. Escudero lleva funcionando más de veinte años en el campo de la biomedicina. De hecho, pertenece al Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón que ha sido reconocido por el instituto Carlos III como grupo de excelencia en investigación biomédica. Gracias a ello pueden trabajar en proyectos nacionales e internacionales de investigación tanto básica como clínica.

La doctora cree que es muy importante que la sociedad presione a la Administración para que se invierta en investigación: “a los médicos nos pueden escuchar, pero a quien realmente tienen en cuenta es al paciente”. Por eso cree que fundaciones como Europa Colon son tan necesarias. A esa concretamente le tiene un cariño especial porque tanto el primer presidente como el primer vicepresidente de la Asociación han sido pacientes suyos y le emociona especialmente que decidieran comprometerse de ese modo con la lucha contra el cáncer colorrectal.

“En este trabajo, además de la formación científica, es muy importante tener corazón y sensibilidad para saber llegar a las personas. Sin eso, puedes saberte todos los protocolos y estudios publicados, pero no sabrás llevar al paciente hacia el objetivo final que te gustaría llevarle”, explica la Dra. Escudero según vamos ahondando en su día a día.

“En este trabajo, además de la formación científica, es muy importante tener corazón y sensibilidad para saber llegar a las personas. Sin eso, puedes saberte todos los protocolos y estudios publicados, pero no sabrás llevar al paciente hacia el objetivo final que te gustaría llevarle”

Jornadas repletas de emociones difíciles de explicar: “No os podéis imaginar lo que supone que fallezca un paciente y aún así venga la familia a darte las gracias. A pesar del dolor que sienten, te dan un abrazo y te dicen que no pueden estar más contentos de cómo le has tratado. Es uno de los momentos de mayor satisfacción”. Asimismo, confiesa que no hay nada que la haga más feliz que los instantes en los que coge en sus brazos a los bebés de aquellos pacientes a los que logró curar años atrás. Lo que está claro es que cada paciente le deja un recuerdo imborrable, aunque hay historias que marcan más que otras. Nos cuenta que hay uno del que se acuerda todos los días. Tuvo una buena respuesta al tratamiento y, tras cinco años sin evidencias de la enfermedad, la doctora le dio el alta porque ya se le podía considerar curado. Sin embargo, él siempre tuvo miedo de recaer, de modo que siguieron viéndose de vez en cuando e incluso se felicitaban todas las Nochebuenas. Casualidades de la vida, un 24 de diciembre murió de un infarto en el garaje de su casa. “Porque nunca sabes qué te deparará la vida, no debes preguntarte por qué te ocurre esto, solo debes pensar en seguir adelante. Siempre adelante”, afirma la doctora sonriendo.