Es
posible
"Cada nuevo avance en el tratamiento, por pequeño que sea, es una gran victoria"

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La lluvia repiquetea en el tragaluz de la consulta del doctor Manuel Valladares. No cabe duda, estamos en A Coruña. La luz se cuela tímidamente en la habitación en cuyas paredes se refleja su personalidad. Entre acreditaciones y fotografías de los congresos a los que ha asistido, se asoman cartas de agradecimiento que le han escrito los pacientes. Además, junto al corcho en el que están clavadas, hay dos recortes: una tira cómica de Quino en la que se ironiza sobre las listas de espera de los hospitales y otro con una cita del director de Google que alaba el desorden y la creatividad.

El Dr. Valladares no se imaginaba ni remotamente que acabaría ejerciendo la medicina en un hospital de A Coruña en sus años de instituto, pero la vida le fue llevando poco a poco allí y a día de hoy no podría estar más satisfecho. En aquella época su pasión eran los animales y la naturaleza, de modo que Biología le parecía la mejor opción para estudiar. Sin embargo, uno de sus grandes ídolos era Félix Rodríguez de la Fuente, que era médico, así que no tardó en interesarse por el trasfondo biológico de esta ciencia. Nada más comenzó a profundizar en ella tuvo claro que él también sería médico. De este modo estudió la carrera, hizo la residencia en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, amplió sus conocimientos y experiencia en Noruega y finalmente, aterrizó en A Coruña. Dadas sus inquietudes, estaba claro que el componente celular y biológico de la Oncología captaría poderosamente su atención, de modo que no le dio más vueltas: sería oncólogo.

Según el Dr. Valladares, “en aquel momento las posibilidades terapéuticas para tratar a los pacientes con cáncer eran muy limitadas. En la facultad nos explicaban en detalle la cirugía, la anatomía patológica y más de pasada la quimioterapia”. Se trataba de una especialidad poco atractiva para los estudiantes de Medicina porque persistía la creencia de que no se podía hacer gran cosa para tratar a este tipo de enfermos. Es cierto que todavía los médicos lograban impactar mínimamente en la cantidad y calidad de vida de los pacientes, pero también que la investigación y los ensayos clínicos en el campo del cáncer colorrectal cobraban cada vez más fuerza. Eso fue precisamente lo que más atrajo al Dr. Valladares. Cada vez se abrían más puertas y él quería ser uno de los que giraran el picaporte del progreso en la Oncología Médica.

Según comenta, “hace más de una década contábamos con un único fármaco con distintas formas de administración. Cuando aparecieron los distintos agentes biológicos supusieron un gran impacto”. Al comenzarse a integrar con la cirugía y la quimioterapia, se logró curar a muchos pacientes que antes era impensable que se curaran. Como afirma el Dr. Valladares, “cada nuevo avance en el tratamiento, por pequeño que sea, es una gran victoria”. Al fin y al cabo, eso se traduce en esperanza y eso es lo que más le gusta al doctor de su trabajo: poder ofrecer esperanza. De hecho, cada mañana cuando se sienta al llegar a la consulta lo primero que piensa es: “a ver si hoy puedo dar muchas alegrías y pocos disgustos”. Reconoce que este trabajo tiene las dos caras, aunque procura compensar el mal trago de dar malas noticias con más trabajo en investigación. De este modo quizá llegue un día en el que sólo tenga alegrías que comunicar a sus pacientes.
Uno puede pensar que, llegado un punto del tratamiento de personas con metástasis en el que no se puede hace nada más por ellas, es lógico sentir una cierta frustración. Sin embargo, el Dr. Valladares no lo ve así ya que cree que “la mayoría de los que hablan de frustración en el trabajo del oncólogo es porque no son oncólogos. Debemos encontrar siempre un punto en el que esa frustración no exista, aún en el peor de los casos ya que siempre hay que transmitir el mayor de los apoyos y cuidados al paciente”.

_MG_7074Por este mismo motivo, el doctor opina que no hay que mirar al pasado, sino al futuro. Concentrarse en todo lo bueno que está por venir y luchar para que llegue lo antes posible. Por eso son muchísimos los retos que cree que todos los oncólogos e investigadores deben esforzarse por llevar a cabo. En su opinión, el principal de todos ellos es implementar y mejorar los métodos de cribado en población sana de cara a disminuir la mortalidad. Aunque no es el único: también considera que es muy importante entender los mecanismos de progresión del cáncer colorrectal, realizar estudios más exhaustivos sobre la genética de la enfermedad y la detección de los mínimos residuales, desarrollar nuevos fármacos en el tratamiento complementario y las distintas etapas de los tumores, etc. Comienza a enumerar todo lo que está por llegar y no para. Por eso la investigación resulta imprescindible. De hecho, reconoce que cada vez hay más interés por parte de los profesionales sanitarios de cara a buscar la innovación y que, a pesar de la crisis, sigue habiendo mucha presencia española en publicaciones muy importantes sobre Oncología.

De todas formas, el Dr. Valladares tiene muy claro que la labor que más la enriquece día tras día como médico es la asistencial: recibir en su consulta a todos aquellos pacientes que tanto apoyo necesitan. Porque no hablamos solo de tratamiento farmacológico, sino también del que alude al factor más psicológico del oncólogo. Según él, “lo principal que tenemos que hacer es transmitirles la sensación de que no están solos”. Además, es muy importante la forma en que se maneja la información, ya que debe administrarse según el paciente la va necesitando. Eso sí, siempre actuando con absoluta franqueza y transparencia: “los médicos deben ganarse honestamente su confianza”, concluye.

“Lo principal que tenemos que hacer es transmitir a nuestros pacientes la sensación de que no están solos ante la enfermedad”

El doctor afirma que es inevitable crear vínculos afectivos con unos pacientes a los que se trata durante meses, o incluso años, por lo que resulta tremendamente gratificante encontrarse por la calle con aquellos que superaron una enfermedad tan dura como el cáncer colorrectal metastásico. En este sentido, el Dr. Valladares tiene recuerdos que le resultan imborrables, como el de aquel día que se fue de pesca con uno de sus pacientes. Éste se encontraba en el último estadio de la enfermedad, pero aún así se empeñó en que el doctor y sus hijos pasaran con él un día pescando en el mar. De modo que se adentraron en las olas con un precioso e inestable barquito de madera. Se afanaron con las cañas, pero el único que logró pescar fue su paciente. Aún así, no pudieron disfrutar más. Fue un gran día, pero también uno de los últimos momentos que el incansable pescador pudo dedicar a su gran afición. Por eso el doctor recuerda emocionado: “siempre le estaré agradecido por haber querido compartirla conmigo y con mi familia”.