Es
posible
"Tan importante es el conocimiento médico como saber aplicar correctamente la psicología con los pacientes. Al fin y al cabo, no tratamos el cáncer colorrectal, sino a las personas que lo padecen"

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Cuando uno se imagina un gran hospital, y el ajetreo de profesionales sanitarios y pacientes que conlleva, sin duda piensa en algo parecido al hospital madrileño de La Paz. El complejo hospitalario de la capital está compuesto por un entramado de diecisiete edificios y dado que anualmente asume más de un millón de consultas anuales, uno se puede hacer una idea del volumen de trabajo que se respira en sus pasillos y habitaciones. Sin embargo, para poder ofrecer el mejor servicio, hay que tomárselo con filosofía, con la templanza, perspectiva y humildad que sin duda desprende el doctor Jaime Feliu cuando te sientas a hablar con él de su lucha diaria contra el cáncer colorrectal.

Nos recibe en el acogedor despacho en el que pasa consulta todos los lunes. Tras la cama de exploración se vislumbran los rascacielos de la Castellana a través de un gran ventanal sin cortinas. De las paredes cuelgan media docena de fotos enmarcadas en las que aparece el doctor junto a varios compañeros. Más joven, eso sí, pero con la ilusión intacta, tal y como reconoce sonriendo. Eso no ha cambiado desde que decidiera estudiar Medicina durante los últimos años de colegio. Seducido por las Ciencias Naturales de BUP y la Bioquímica de COU, encontró su refugio en esta carrera tan apasionante. Se decantó por la Oncología porque de todos los desafíos que contemplaba, tratar pacientes con cáncer le parecía el más interesante. En cuanto a la especialización, tenía detrás una evidente motivación emocional dado que su abuelo y tío murieron de cáncer colorrectal.

El doctor reconoce que tuvo la gran suerte de entrar en un momento muy incipiente en el que se empezaban a tratar tumores digestivos que apenas se trataban antes. Y con estos tratamientos, surgió la necesidad de profesionales que se involucraran más en este tipo de patologías. Uno de ellos fue el Dr. Feliu.

Al echar la vista atrás se da cuenta de que en los últimos diez años el escenario de tratamiento de este tipo de cáncer ha cambiado radicalmente. Cuando empezó su trayectoria hace tres décadas, apenas se trataban estos tumores porque los medicamentos eran muy poco eficaces. Sin embargo, hace diez años aparecieron las terapias dirigidas que permitieron dar un paso más adelante en la supervivencia de estos pacientes. Según él, uno de los mayores logros que se han conseguido desde entonces es que “con la quimioterapia tradicional, un paciente metastásico vivía año y medio. Sin embargo, ahora estamos en condiciones de alcanzar los tres años. Hemos duplicado su supervivencia.” Asimismo, hoy los oncólogos son capaces de reducir algunas metástasis, para posteriormente operarlas y lograr resecarlas. Es decir, curar a este tipo de pacientes, lo que hace no tanto era totalmente impensable.

A pesar de todos estos avances, la frustración es el pan de cada día para el Dr. Feliu. Afirma que es inevitable sentirse así cuando ve que, llegado un punto, muchas veces no puede hacer nada más por sus pacientes. Esos momentos en los que se han agotado todos los tratamientos posibles y la enfermedad vence. Los días más complicados son aquellos en los que un paciente le pregunta por las posibilidades de sobrevivir a la enfermedad y hay que explicarle que son muy escasas, o incluso nulas. Sobre todo cuando le queda poco tiempo y se suman los agravantes de que son personas jóvenes con cargas familiares. El doctor reflexiona que hay que estar satisfechos de que actualmente curemos a más del 50% de los pacientes con cáncer colorrectal, pero también hay que ser muy inconformistas porque la otra mitad no consigue superarlo. En este sentido tiene claro que “el futuro pasa por desarrollar fármacos más eficaces, convertir a más pacientes en curables, eliminar toda la enfermedad residual, aprender a manejar los recursos que ya tenemos y progresar en la medicina personalizada o de precisión y la biología molecular”.

Para hacer posible todo esto sólo hay una manera: la investigación. El Dr Feliu sonríe resignado al hablar del retroceso que ha sufrido España en este campo en los últimos años. Confiesa que sigue habiendo convocatorias públicas de financiación, pero los recortes económicos han hecho que sea cada vez más difícil conseguirlas debido a la feroz competitividad. El lado bueno es que eso mejora la metodología y calidad de los proyectos, pero aún así muchas propuestas realmente interesantes se quedan fuera de la financiación. En líneas generales, admite, “el cáncer colorrectal es un cáncer un poco olvidado”. A pesar de ser el tumor más frecuente, no tiene un impacto mediático como por ejemplo el cáncer de mama, o ciñéndonos a un caso reciente, la hepatitis C. Según el Dr. Feliu, con el cáncer colorrectal ocurre algo similar, muchas veces se limita la utilización de fármacos debido a su elevado coste, pero esta información no aparece en los medios. Por eso es importante hacer presión social para intentar que aquellos que tienen que tomar las decisiones económicas y políticas tomen consciencia de lo necesario que es aportar más recursos tanto a la prevención como a la investigación en este tipo de cáncer.

“El futuro pasa por desarrollar fármacos más eficaces, convertir a más pacientes en curables, eliminar toda la enfermedad residual, aprender a manejar los recursos que ya tenemos y progresar en la medicina personalizada o de precisión y la biología molecular”

Todo esto y mucho más es lo que les dice a sus alumnos en la facultad. Porque aprender Medicina no es solo empaparse de conocimientos científicos. Por eso les insiste mucho en lo necesario que es practicar mucho con los pacientes durante los años de formación. Sólo así se puede aprender a empatizar, comprender y comunicarse con ellos. A la hora de valorar el estado del paciente, no hay que explorar sólo el tipo de cáncer que tiene y su extensión, sino también el modo en el que impacta en su esfera social, familiar, laboral e incluso espiritual. El doctor lo tiene claro: “tan importante es el conocimiento médico como saber aplicar correctamente la psicología con los pacientes. Al fin y al cabo, no tratamos el cáncer colorrectal, sino a las personas que lo padecen”.

 

En este sentido, la mayor satisfacción que experimenta el Dr. Feliu en su trabajo es evidente: cuando sus pacientes se curan. Aunque eso no siempre es posible, muchas veces el equipo médico es capaz de prolongar su supervivencia para que puedan lograr el objetivo que se ha marcado en la vida: ver nacer a su hijo, presenciar su graduación o asistir a su boda. En ocasiones, cuando eso sucede el doctor comenta que le miran fijamente y le dicen sonriendo: “gracias por todo, doctor”.