Es
posible
"Es muy difícil entender al oncólogo desde las otras especialidades, dado que es una materia muy específica en la que a veces las alegrías no me gusta subrayarlas como alegrías pero tampoco las tristezas como tristezas."

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Atravesamos Mallorca en dirección al este para conocer el hospital comarcal de Manacor, un pequeño municipio que aún así es el tercero de la isla en población, y especialmente al Jefe de Servicio de Oncología Médica del mismo, el doctor Hernán Gioseffi.

Lo primero que pensamos es que su nombre no es muy mallorquín. Lógico, porque es argentino, aunque hace ya una década que está establecido en España. Hace veinte años se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Buenos Aires para después especializarse en Medicina Interna y Oncología Médica. Más tarde, los avatares de la vida le llevaron hasta un hospital ubicado al otro lado del mundo. Lo primero que nos comenta al respecto es que no podría estar más contento de estar en ese rincón del Mediterráneo. Y eso a pesar de lo complicada que está la situación ahora mismo, con los recortes y las infinitas trabas burocráticas que tiene que afrontar cada día. Aunque el objetivo siempre es dar lo mejor de sí mismo a sus pacientes y esa es toda la ilusión que necesita para que las dificultades solo sirvan para hacerle más persistente.

Su despacho está repleto de documentación de todo tipo, sin duda un reflejo de la cantidad de trabajo que tiene el Dr. Gioseffi cada día. Sobre su escritorio y estanterías se acumulan expedientes de pacientes, nuevos estudios, proyectos, tutorizaciones e informes de cursos. Procuramos no robarle mucho tiempo así que lo primero que queremos saber es por qué acabó estudiando Medicina. Reflexiona que la motivación la encontró en ver como muchos de sus familiares padecían cáncer y la vocación en su pasión por el humanismo. Antes de acabar el bachiller ya sabía que iba a convertirse en oncólogo.

Con una perspectiva de veintitrés años de experiencia, cree que “es muy difícil entender al oncólogo desde las otras especialidades, dado que es una materia muy específica en la que a veces las alegrías no me gusta subrayarlas como alegrías pero tampoco las tristezas como tristezas. Tenemos que tratar de brindar un ambiente más armónico y equilibrado, porque de una alegría puedes caer a una enorme frustración y depresión”. Por eso, lo que más pesar le produce como médico es ver cómo algunos pacientes no llegan a ser capaces de llevar su enfermedad con armonía y eso les provoca un gran sufrimiento. Por el contrario, la mayor satisfacción que puede experimentar es ver como un paciente con un mal pronóstico logra superar la enfermedad, o al menos prolongar ampliamente su supervivencia para que pueda llegar a cumplir sus deseos. Por ejemplo, recuerda el caso de una paciente a la que trató a lo largo de diez años de lucha sin tregua. Su único deseo era “llegar a ver cómo sus hijos se convertían en buenas personas, lograban defenderse por sí mismos y cumplían sus expectativas”. Al final consiguió ver como el mayor se licenciaba y el menor terminaba el bachiller. Entonces cogió la mano del doctor y le dijo: “gracias, lo logramos”. Emocionado reconoce que guarda aquel momento en su interior como un tesoro.

Lo que está claro es que las consultas más gratificantes son aquellas en las que ve “la mejor cara de la Oncología. Cuando compruebas que, al revisar al paciente y tras un seguimiento extendido sin evidencia de la enfermedad, se está curando”. En cualquier caso, de todo lo malo siempre se puede sacar algo bueno, por muy complicadas que sean las circunstancias, por eso el doctor siempre dice a sus pacientes: “aprovecha la enfermedad para aprender a vivir”.

“Ahora podemos salvar miles de vidas que antes no podíamos. Somos capaces de convertir a pacientes que no eran quirúrgicos en operables y lograr que todos vivan más y mejor”

Desde luego ahora hay mucha más cabida al optimismo que hace una década, y no digamos treinta años, ya que en la actualidad se entiende a las células de una manera distinta y, según afirma convencido el Dr. Gioseffi, “ahora podemos salvar miles de vidas que antes no podíamos. Somos capaces de convertir a pacientes que no eran quirúrgicos en operables y lograr que todos vivan más y mejor”.

Sin embargo, la incidencia sigue siendo muy alta. Sin ir más lejos, en las Islas Baleares hay unos seiscientos nuevos casos de cáncer colorrectal cada año, lo que supone cuarenta por cada cien mil habitantes en hombres y treinta y cinco en mujeres. De hecho, se trata de la segunda causa de mortalidad por cáncer en las islas con doscientas defunciones anuales, solo por detrás del cáncer de pulmón.

_MG_7074Por todo esto hay que reforzar mucho la prevención secundaria, es decir, la detección precoz: “los pólipos tardan diez años en transformarse en un tumor por lo que tenemos tiempo suficiente para detectarlos. Aquí está la verdadera cura: en el cribado temprano”. La realidad es que entre un 20 y un 30% de los tumores se detectan en estadios localmente avanzados, lo que sigue siendo todavía una cifra muy elevada. Por eso, según él, es tan importante invertir en la base racional y la biología, porque aún hay mucho que lograr, tanto en investigación como en tratamiento. Por ejemplo, una de las cosas que demanda el doctor es que se pueda llegar a los tratamientos dirigidos de forma más rápida y equitativa, ya que actualmente deben ser validados por demasiados organismos y eso ralentiza el proceso. No obstante, el Dr. Gioseffi está satisfecho con el nivel que ha logrado España a nivel internacional: “este país ha hecho un esfuerzo enorme con los medios de los que dispone”, asegura.