Es
posible
"Puedes ser muy buen oncólogo, saber mucho de Oncología, pero si no eres capaz de llegar al paciente, te servirá de muy poco en asistencia"

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Distinguimos a kilómetros la característica escalera de caracol acristalada del emblemático Hospital de Cruces de Baracaldo, el más grande y concurrido de todo el País Vasco. No tardamos en subir por ella, rodeados por paraguas invertidos que simbolizan la humanización de la atención sanitaria, para reunirnos con el Dr. López Vivanco en su despacho. Allí nos recibe con la serenidad de quien se encuentra en su casa, al fin y al cabo es así como se siente tras más de tres décadas creciendo como oncólogo en este centro.

Su despacho es una buena muestra de su extensa trayectoria. Infinidad de recuerdos empapelan las paredes a ambos lados de su escritorio: diminutas maquetas de ciudades españolas o trenes, recortes de periódicos con entrevistas a sus compañeros y un número ilimitado de bolígrafos, libros, guías y volúmenes sobre Oncología. Aunque lo que más llama la atención es su colección de lo que parece al menos un centenar de acreditaciones de congresos médicos a los que ha asistido. Según cuenta, todo empezó por puro azar cuando un día puso uno y luego otro enganchado a ese. Años de experiencia atesorada en un simple vistazo. Queríamos saber más, así que nos sentamos un rato a conversar con él.

El Dr. López Vivanco supo que quería ser médico en pleno COU, concretamente el día en el que invitaron a un doctor a dar una clase que captó poderosamente su atención. En su familia no había ningún profesional sanitario así que tenía pocas referencias, pero no tardó en darse cuenta de que había nacido para ponerse una bata blanca y colgarse un estetoscopio del cuello. Hasta que llegó el momento, pasó una de las épocas más felices de su vida en la universidad. En un comienzo fue residente en Hematología, pero cuando salió por primera vez la oferta en Oncología en el MIR fue como una sirena que cantaba para él.  Poco después consiguió una plaza. Es entonces cuando decidió profundizar en el cáncer colorrectal y lo hizo por una sola razón: se trata del tumor más frecuente.

Él admite que le gusta todo de la Oncología, tanto, que desde la residencia siempre ha disfrutado al máximo dedicándose a esta especialidad, ya haya sido realizando labores de administración, gestión o tratamiento. Sea como sea, cada día es una nueva vorágine que transcurre entre el hospital de día, las consultas externas, la hospitalización y las reuniones con su equipo de quince médicos y tres residentes, como la sesión clínica que tienen diariamente antes de comer para pasar revista a todos los casos del momento. El ritmo nunca para, de hecho la situación actual no ha hecho más que incrementarlo, pero al Dr. López Vivanco eso le inyecta todavía más energía. No hay más que mirar a la pared de su despacho para toparse con un recorte que reza: “un ritmo de trabajo reducido puede provocar estrés”.

“Un ritmo de trabajo reducido puede provocar estrés”

En los últimos diez años el cambio ha sido verdaderamente relevante, tanto en materia de tratamiento como de diagnóstico. El índice de supervivencia ha aumentado notablemente y hoy en día se dispone de un diagnóstico precoz mediante el test de sangre oculta en heces. El doctor incide en la importancia de este test y de acudir periódicamente a revisiones, dado que “anteriormente más de la mitad de los casos se diagnosticaba cuando la enfermedad ya estaba muy avanzada”. Hay muchas razones para ser optimistas, pero también para ser conscientes de que no podemos relajarnos porque los mayores retos aún estar por llegar.

Según el Dr. López Vivanco, el futuro del tratamiento debería sustentarse en tres pilares fundamentes: “disminuir la incidencia de los tumores, tratar a los pacientes con trastorno genético por el cual su herencia les hace tener predisposición a padecer el cáncer colorrectal y desarrollar marcadores para que los fármacos sean más útiles y rentables. Es decir, que sean más eficaces y menos tóxicos”.

Asimismo, el doctor cree que hay dos puntos en relación con el tratamiento del cáncer colorrectal que deberían fortalecerse mucho. El primero es la investigación. Según él, el principal problema es que no está institucionalizada en el sistema nacional de salud. Esto significa que apenas hay profesionales en este campo como los hay de la asistencia, de modo que los investigadores lo son por voluntad propia porque desean desarrollar esta inquietud. Esto, sumado a los recortes en las ayudas de los últimos años, ha provocado que se encuentre en una situación complicada: “un país sin investigación es un país a expensas de terceros, y eso no debería ser así”, sentencia.

El otro punto en el hay que trabajar a fondo es el de la formación de la sociedad. El aspecto más general sería el de la comunicación institucional y mediática a los  ciudadanos, de cara a concienciarles al respecto del cáncer colorrectal, sobre todo en materia de prevención. Eso sí, no hay que caer en el sensacionalismo o la exageración a la hora de informar sobre estudios de investigación que se encuentran a medio camino o que, en cierto modo, difieren con la realidad. A un nivel más concreto, el de los profesionales sanitarios, los que más favorecen la formación son las sociedades científicas, la industria farmacéutica y las universidades, pero hay mucho que mejorar. Según apunta el Dr. López Vivanco, “la Oncología es una de las grandes desconocidas en muchas facultades”. Los alumnos deben conocerla bien, del mismo modo que tienen que hacerlo los médicos de atención primaria. Por eso, él sugiere que deben rotar por los servicios de Oncología Médica porque, quieran o no, van a ser los “oncólogos del ambulatorio”, dado que inevitablemente son los profesionales que tienen el mayor contacto con los pacientes tras el tratamiento. Hay que concienciar de que esta especialidad “no es más fácil ni más difícil que las demás”.

Algunas de las cualidades que convierten a un oncólogo en un buen profesional son la empatía, la perseverancia y su habilidad comunicativa. Cada persona reacciona de una manera a esta enfermedad y hay que saber cuál es el mejor camino para acercase a cada una de ellas. El doctor afirma que lo primero que busca en cada paciente es su complicidad, que esté de acuerdo con el tratamiento y sea partícipe de las decisiones. Del mismo modo, respetar la voluntad de aquellos que no quieran saber según que cosas, a menos que sea imprescindible. El consejo básico que les da es que “trabajen la tranquilidad, dado que no se puede digerir de un día para otro la noticia de que padeces cáncer colorrectal”. Es algo que hay que tomarse con la filosofía suficiente para vivir cada vez con menos agobio, ansiedad e incertidumbre. Por suerte, ahora los oncólogos cuentan con el apoyo de las unidades de psicooncología, que antes no existían, y que ayudan enormemente en esta labor. En relación a este tema el doctor concluye “puedes ser muy buen oncólogo, saber mucho de Oncología, pero si no eres capaz de llegar al paciente, te servirá de muy poco en asistencia”.

_MG_7074Cada mañana, cuando se levanta de la cama el Dr. López Vivanco, su principal motivación es que cada uno de sus pacientes mejore un poco más. Siempre con una máxima en la cabeza: “la vida no tiene que ser más larga, sino más ancha”, entendiendo por anchura su calidad de vida. Porque si hay una cosa que se esfuerza por buscar además de su mejoría es su satisfacción, porque eso es al fin y al cabo lo que enriquece cada jornada. Aunque, por supuesto, también hay mucha frustración a la hora de no conseguir los tratamientos más adecuados, enfrentarse a las listas de espera, ver que algunos casos no evolucionan favorablemente… preocupaciones que forman parte de la rutina, pero que son difíciles de sacar de la cabeza. El doctor comenta que trata de desconectar lo más posible a través de hobbies o evasiones cotidianas como la siempre necesaria actividad física que, por cierto, reconoce con cierto rubor que debería practicar más.

El Dr. López Vivanco tiene claro que lo que más feliz le hace es poder dar buenas noticias a los pacientes, familiares y compañeros de servicio tras haber pasado rachas difíciles o llenas de incertidumbre. De hecho, esos momentos son los que configuran los mejores recuerdos de su carrera, y no sus hitos más previsibles, como cuando sacó la plaza de jefe de servicio o de sección. En cualquier caso, las buenas noticias no llegan solas, hemos de ir a su encuentro. A por ellas.