Es
posible
"Pacientes que hace diez años vivían de doce a dieciocho meses, ahora ya viven más. Eso es lo que más me anima a seguir levantándome con ilusión cada día"

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Se puede decir que el doctor Pericay era médico incluso antes de titularse. Es algo que llevaba muy dentro y a los tres años ya tenía ganas de ponerse un estetoscopio de collar. No se lo inculcó nadie de su familia, sino que, tal y como el afirma, fue algo congénito. Unos años más tarde, cuando tenía catorce años y se encontraba cursando BUP, una clase de Biología le descubrió la Oncología. Desde entonces no se planteó hacer otra cosa y a principios de los noventa ya se había licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra.

Si hay algo que ilusiona cada día al Dr. Pericay son las ganas de curar pacientes. Desde que comenzó a trabajar, su perspectiva ha cambiado, pero no las ganas de luchar: “cuando estás haciendo la residencia tienes claro de que vas a ser tú el que cure el cáncer. Luego te das cuenta de que no se puede curar a todos los pacientes, pero sí que puedes tratar de curar al mayor número de ellos y alargar su vida lo máximo posible”. Lo que está claro es que para el doctor su trabajo es un aprendizaje constante, siempre y cuando, matiza, estés abierto a asimilarlo, ya que no lo haces si crees que lo sabes todo. Eso le quedó claro desde el momento en el que comenzó su andadura: tenía que convertirse en el mejor médico, ya que esa es la única forma de sentirse realizado. Él admite que aún le falta mucho por descubrir, sobre todo porque cada paciente es una nueva experiencia. Lo más importante es que no decaigan las ganas de hacerlo ya que “un médico satisfecho es un médico que mejora la calidad de su asistencia”, concluye.

Los datos que nos da el Dr. Pericay no son algo que se pueda tomar a la ligera: el cáncer colorrectal es el cáncer más prevalente e incidente en nuestro país. En los últimos años se ha llegado a la cifra de 30.000 casos por año por lo que se ha convertido en la cuarta causa de muerte en el hombre y la quinta en a mujer. Esto quiere decir que, cuando los médicos tienen que comunicar a sus pacientes que padecen este cáncer, saben que en muchos casos les están prediciendo su muerte. Sin embargo, también opina que hay que ser optimistas porque en los últimos años se ha mejorado en la supervivencia y calidad de vida: “pacientes que hace diez años vivían de doce a dieciocho meses, ahora ya viven más. Eso es lo que más me anima a seguir levantándome con ilusión cada día “.

La mezcla de lo duro que es el cáncer colorrectal, con la cantidad de avances que se han producido en los últimos años, da como resultado una gran cantidad de recuerdos, tanto esperanzadores como frustrantes. Respecto a este último grupo, el doctor recuerda con pesar aquel día en el que, al hacer la visita de control, comprobó que de los doce pacientes que estaba llevando en ese momento, en once de ellos se había reactivado la enfermedad. Por el contrario, también tiene multitud de anécdotas felices, como cuando aparecen los resultados de un paciente que ya no tiene vestigios de la enfermedad aún después de haberla tenido tan extendida años atrás que prácticamente no había lugar para el optimismo. “Por eso nunca hay que darse por vencido y luchar hasta el final”, explica.

En la última década se han producido grandes hitos en el cáncer colorrectal en cuanto a la mejora de los tratamientos oncológicos. El Dr. Pericay cuenta que “la quimioterapia ya la teníamos, pero hemos conseguido añadirle una serie de tratamientos biológicos, que lo que hacen es potenciar el efecto, obtener mejores resultados, conseguir más respuestas y que los pacientes tengan más opciones”.

_MG_7074Además, según comenta, gracias al esfuerzo personal de grandes investigadores españoles, se están consiguiendo unidades de fase 1 en la investigación de nuevos fármacos, así como una clínica relevante en los distintos hospitales de excelencia.
Asimismo, el programa de cribado del cáncer colorrectal ya se está implementando en todo el territorio nacional, lo que posibilita a los cirujanos la extirpación de pólipos antes de que se desarrollen los tumores. Para el doctor, “todos estos avances y medidas preventivas reducen la incidencia de la enfermedad y nos dan motivos para ser optimistas”. Además, cree que ahora mismo los retos a superar tienen que ver sobre todo con la personalización del tratamiento: “hoy en día no tenemos todas las armas para poder enfocarlo de forma concreta en un paciente, sino sólo en un grupo de pacientes. Pero llegará el día en el que podamos administrar una combinación de tratamientos que detenga la enfermedad o triplique la supervivencia actual”.

Antes de dejar que el Dr. Pericay pueda atender la montaña de trabajo que empieza a acumularse en su mesa, no podemos evitar preguntarle por lo que sucede cada día ahí mismo, en su consulta. Su primera observación es que los pacientes acuden demandando ayuda, por lo que es fundamental ganarse su confianza. Para lograrlo el doctor tiene varias máximas que procura seguir: “lo primero que intento es que la relación sea fluida. Para ello es importante ser franco, claro y sincero. No hay que andarse con rodeos pero también hay que saber dosificar la información, ya que no todos los pacientes están preparados para recibirla de golpe”. También nos confiesa que la experiencia es la que otorga la capacidad de poder trazar un perfil de cada paciente a partir de la primera conversación con él.

“Hablad con vuestras familias de lo que os ocurre y de vuestras preocupaciones. A veces para evitar su sufrimiento caen en la desconfianza y eso es lo peor que puede ocurrir”

Respecto a la forma de vivir con la enfermedad, él siempre les da el mismo consejo: “hablad con vuestras familias de lo que os ocurre y de vuestras preocupaciones. A veces para evitar su sufrimiento caen en la desconfianza y eso es lo peor que puede ocurrir”. Por eso insiste tanto en lo imprescindible que es fortalecer el vínculo familiar. En relación a eso nos cuenta algo que le marca profundamente y que le sucede de vez en cuando: “algunas veces, después de que un paciente no haya podido superar la enfermedad, me ha visitado su familia para agradecerme que le instara a abrirse ante ellos, porque eso les permitió reencontrarse, estar juntos y disfrutar al máximo de sus últimos meses de vida. Creo que esa es la forma más hermosa de despedirse”.