Es
posible
"Los oncólogos deben estar preparados para afrontar problemas muy complejos cada día. Es su responsabilidad encontrar la luz en la oscuridad y hacer fácil lo difícil"

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Entramos en la institución centenaria del Hospital Clínic Universitari, tal y como conocen en la ciudad a las instalaciones anexas a la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia. Su producción científica anual siempre está repleta de libros editados, ensayos clínicos, publicaciones en revistas, proyectos de investigación y tesis doctorales, lo que hace que la mejor palabra para definirlo sea la de prestigio. Sucede lo mismo con uno de los oncólogos que trabaja bajo su techo de manera incansable: el doctor Andrés Cervantes. Tras recorrer los laberínticos pasillos del hospital, llegamos a su despacho. Allí nos recibe sin bata —reconoce que no se la pone a menudo— en una estancia pulcramente ordenada, en la que tampoco pasa mucho tiempo. Lo suyo es moverse por todo el hospital, entre las salas de tratamiento y las consultas o el laboratorio.

Para comprender al doctor que es hoy, hay que remontarse a su época de bachiller. Era a mediados de los años setenta y los cambios sociales y políticos se sucedían. En aquel entonces su ilusión era hacer algo útil por los demás y había una sensación colectiva de que la Medicina era una profesión tremendamente útil, honrada y servicial. Además, a él le encantaba la ciencia y el conocimiento referido a la vida y el cuerpo humano. Sin duda la carrera de Medicina parecía diseñada para él, así que se matriculó en la Universidad de Murcia. Sin embargo, no descubrió su vocación por la Oncología hasta el último tramo de la licenciatura. Un profesor le motivó especialmente y le hizo descubrir los entresijos de una disciplina que apenas se enseñaba y casi nadie conocía en ese momento. Entonces se interesó, pero fue durante el MIR cuando descubrió lo importante que era ser oncólogo y se enamoró perdidamente de la especialidad.

El Dr. Cervantes se adentró en un mundo desconocido en el que casi todo estaba por hacer. Lleno de áreas que no estaban cubiertas ni organizadas y en el que tenía la oportunidad de dar rienda suelta a la capacidad que más quería desarrollar como médico: su creatividad. Hace ya treinta años que terminó sus estudios, el momento en el que decidió seguir formándose en Ámsterdam. Allí quedó conmovido por la inteligencia y dedicación con la que tantas personas estaban tejiendo el futuro de la especialidad. En definitiva, aprendió a ser mejor médico e investigador.

Una de las cosas más valiosas que le enseñaron sus maestros fue la agilidad y calidad con la que eran capaces de resolver los problemas. Desde el primer momento se dio cuenta de la dedicación y tensión vital que exigía este trabajo: “Requiere de una tremenda empatía con las personas a las que tienes que tratar”, matiza. No cree que haya días especialmente difíciles, a pesar de que a veces es inevitable sentir agotamiento físico y mental, porque según él, “los oncólogos deben estar preparados para afrontar problemas muy complejos cada día. Es su responsabilidad encontrar la luz en la oscuridad y hacer fácil lo difícil”. Según afirma, su objetivo es intentar trasladar el conocimiento de los aspectos básicos al paciente. Y cuando haya situaciones que no comprende, llevarlas al campo de la investigación para tratar de darlas una respuesta adecuada.

“Tenemos una responsabilidad demasiado grande, que es acompañar siempre al paciente. Éste puede llegar a comprender que su enfermedad no tenga tratamiento, pero en ningún caso que su médico les pueda abandonar”

El Dr. Cervantes no recuerda haber sentido frustración en su trabajo porque, en su opinión, “tenemos una responsabilidad demasiado grande, que es acompañar siempre al paciente. Éste puede llegar a comprender que su enfermedad no tenga tratamiento, pero en ningún caso que su médico les pueda abandonar”. Asimismo, añade que no intenta generar éxito, pero si un valor: el de ayudar todo lo que esté en su mano a una persona que solicita su ayuda. Por eso rechaza las frustraciones, pero admite que lo que si que hay muchos días enormemente satisfactorios, sobre todo “cuando un paciente que supera la enfermedad y hace vida normal o cuando completas un estudio y publicas los resultados”.

Al abordar el aspecto evolutivo de la última década, el doctor incide mucho en el progreso que se ha experimentado: “ahora abordamos a los pacientes con mucha más ilusión porque hay más recursos, opciones y medicamentos. Además, en el aspecto multidisciplinar hemos mejorado mucho la interacción con otros especialistas, como los radioterapeutas o los cirujanos colorrectales y hepáticos”. Eso sí, reconoce que aún hay que lograr personalizar mucho más el tratamiento de cáncer colorrectal, pero cree que todos los profesionales como él tienen la ilusión necesaria para conseguirlo.

_MG_7074 Respecto a los avances científicos, el Dr. Cervantes afirma orgulloso que la investigación española, tanto a nivel clínico como traslacional, destaca internacionalmente: “es difícil encontrar una publicación de renombre que no incluya en cada número una contribución significativa por parte de investigadores españoles”. Aunque también es consciente de que necesita extenderse más y por eso es tan necesario el incremento de apoyos institucionales. Sucede lo mismo con la información mediática de la enfermedad. A pesar de afectar a un espectro muy amplio de la población, no tiene un gran impacto social, en parte debido a que la población de mayor riesgo es la de edad más avanzada. Sin embargo, cree que muy importante aumentar el grado de consciencia por tres motivos: se puede prevenir, se puede curar en muchas etapas de su desarrollo y hay muchas maneras eficientes de aliviarla cuando no se puede curar.

Todo esto es lo que les repite una y otra a vez a sus alumnos de la Universidad de Valencia. Considera que para motivarles es fundamental enseñarles el día a día del hospital. Sólo mostrándoles la realidad se les puede transmitir la ilusión de cambiar las cosas. Añade que la Oncología requiere plena dedicación, pero está llena de logros y recompensas. Como la del simple agradecimiento de un paciente. Aunque para conseguirlo no es suficiente ofrecerle el mejor tratamiento posible, sino saber escuchar y transmitirle bien la información. Es decir, dar pie a la persona que tienes delante a que pregunte todo lo que se pase por la cabeza para poder mitigar sus preocupaciones e incertidumbres. Tal y como sentencia el Dr. Cervantes: “cuanto mejor sea la comunicación, más eficiente será la Medicina”.